Capítulo 78

Ya en nuestra casa, Midori se encargó de bañar a Ken y de que se tomase la medicación y luego Chinako intentó en vano hacerle dormir, no había manera de calmarlo hasta que vomitó y, vencido por el agotamiento, se quedó dormido. Nosotros improvisamos una cena rápida y nos fuimos enseguida a la cama. Yo estaba baldado, Midori me dio un masaje en la espalda para relajarme y me animó diciéndome que sus padres estaban muy orgullosos de nuestros logros y de mí.

_¿De veras te han dicho que están orgullosos de mí? _recelé.

_Sí, mi padre ha reconocido que eres una persona honesta y responsable y ahora sabe que no le defraudarás ni le engañarás.

¡Vaya! Finamente, y después de mucho emperrarme, había logrado la cuadratura del círculo.

Me pareció escuchar el llanto de Ken, me levanté sonámbulo y para cerciorarme de que se encontraba bien entré en su cuarto, Akira lo mecía en sus brazos y le susurraba algo en japonés. El niño le miraba con los ojos fijos, había dejado de llorar y observaba atentamente a su abuelo que estaba conmovido. Al reparar en mi presencia, Akira hizo un movimiento para entregarme a mi hijo, pero yo preferí que lo sostuviera él.

Fuimos los tres a la sala, Akira se sentó sobre la alfombra con la espalda apoyada contra el sofá, Ken no dejaba de mirarle, y yo me coloqué frente a ellos sentado en la butaca.

_Un hijo es un manantial de gozo que brota del corazón de un hombre cuando se convierte en padre. Su risa es tu alegría y su llanto tu dolor. Morirías por él, matarías por él, hasta tales excesos te arrastra el amor filial _dijo Akira como si hablase consigo mismo, luego me miró a mí_ Yo, que tuve que crecer sin un padre que velase por mí, he cuidado excesivamente de mis hijas, las he protegido de cualquier mal con el afán egoísta de evitar mi propio sufrimiento. Temía que tu amor por Midori me arrebatase a mi hija y cometí el error de oponerme a vuestra relación sin percatarme de que era yo mismo quien la alejaba de mí con mi intransigencia _Ken estaba gimiendo en sueños y Akira se interrumpió un segundo para después continuar_ Bruce-san, tú eres paciente, fuerte e inteligente. Veo el sentimiento que te une a mi hija, tú le proporcionas la felicidad que merece y yo soy dichoso por ella, por vosotros y por vuestro hijo.

Mi corazón estaba compungido, me había sorprendido la declaración de mi suegro, y aunque deseaba expresarle mis afecciones, no hallé la manera de hacerlo. Los norteamericanos sentimos la necesidad de exteriorizar nuestras emociones, sin embargo, para los japoneses cuanto más profundos son los sentimientos, menos hay que hablar de ellos; con un japonés todo queda sobreentendido, la consideración por una persona está llena de delicadeza, y creo que Akira entendió perfectamente lo que yo sentía sin que fuera preciso decírselo. Aquella coraza de acero bajo la que se escondía ocultaba un alma delicada y sensible que había sufrido mucho, y ahora que yo también era padre me hallaba en situación de comprender su preocupación por Midori. Hubiera sido injusto censurarle por desear lo mejor para su hija.