Capítulo 76

Concertamos un encuentro para que los padres de Midori y los míos se conocieran. Aquel fin de semana mi familia iba a reunirse al completo para compartir un almuerzo de confraternidad en el emplazamiento donde tenían lugar los actos sociales importantes, el salón de casa de mis padres. La víspera pasé por allí para darles a todos instrucciones en lo referente al trato que habían de dispensar a los invitados y el comportamiento que deberían observar durante el encuentro. Los senté en la sala y comencé con mi perorata.

_Prestad mucha atención a lo que voy a deciros porque es muy importante para mí que todo salga bien. Debéis llamar a los padres de Midori añadiendo “san” a sus nombres. Seguramente traerán un regalo, se lo agradecéis sin que se os ocurra preguntar qué es y menos abrirlo en su presencia. Papá, tú le ofrecerás la cabecera de la mesa a Akira para que se siente y él la rechazará, debes insistir al menos otra vez y luego dejar que se coloque a tu derecha. Recordad que los japoneses son callados y tranquilos, no acostumbran a expresar sus opiniones abiertamente y jamás dicen no de una forma directa, prefieren eludir el tema con una vaguedad del tipo: lo pensaré o es posible. Hablad despacio para que Akira pueda entenderos, él nunca admitirá que no ha comprendido lo que le habéis dicho, no le corrijáis si comete alguna incorrección con el idioma. No repitáis vuestras ideas para aclararlas o pensarán de vosotros que sois poco sinceros y que intentáis jugársela, y tened presente que los japoneses sonríen siempre, aunque estén decepcionados, sorprendidos, encolerizados o tristes.

Me interrumpí para repasar la lista de normas que había elaborado.

_¿Y si olvidamos algo? _preguntó Susan bastante confusa.

_¿La señora “Taricura” no habla inglés? _quiso saber mi madre inquieta.

_Es la señora Takakura, trata de no olvidarlo. No domina el inglés, aunque se puede expresar medio bien si se le da tiempo a ordenar las palabras _dije echando humo por las orejas.

_¿De qué temas podemos conversar con ellos? _inquirió Jane.

_¡Qué sé yo! _respondí cabreado_ Del tiempo.

Daniel intervino para decirme lo que temía escuchar.

_Creo que te estás pasando de rosca, Bruce. Nos has contagiado tu histeria.

_Es cierto _admití desesperado_ Sed vosotros mismos.

Mi padre, que había permanecido callado durante mi discurso, me llamó en un aparte para decirme.

_¿Te importa mucho ese hombre, verdad?

Le miré confundido y no respondí.

_Intentas desesperadamente que te acepte y no sé si éste es un buen método, hijo. Entiendo que lo haces por aliviar la pena de Midori, pero tú no eres el culpable de la tirantez que os separa y no tienes que sentirte mal por eso. Eres una persona estupenda y peor para él si no sabe apreciarlo _continuó mi padre.

_Papá _dije antes de abrazarme a él como si fuera el último salvavidas en el naufragio del Titanic.