8 de septiembre de 2007

Capítulo 71

Estábamos durmiendo, Midori exhaló un quejido ahogado que me despertó y se llevó instintivamente la mano al vientre.

_Me duele _profirió casi sin poder respirar.

_¿Son contracciones de parto? _pregunté yo que me había puesto en pie y comenzaba a vestirme a toda prisa.

_No, ya ha pasado _repuso jadeando y bañada en sudor.

_¿Estás segura? _volví a insistir.

_Sí, vuelve a la cama _me dijo antes de hacer una profunda mueca de dolor contenido.

_Ya veo que ha pasado _bromeé_ Vamos, voy a llevarte al hospital.

El dolor se hacía cada vez más intenso y tuve que ayudar a Midori a incorporarse de la cama, se vistió y yo preparé a toda prisa lo necesario, cogí la canastilla del bebé, la maleta de Midori, las llaves del coche y metiendo los bultos en el maletero reparé en que todavía llevaba puesto el pijama. Volví al dormitorio corriendo y me puse lo primero que encontré en el armario, bajé al garaje, arranqué el auto y, por ventura, antes de salir a la calle me percaté de que faltaba Midori. Grité su nombre desesperado y ella me respondió desde el pasillo, fui a buscarla, estaba apoyada contra la pared y bajo sus pies había un pequeño charco.

_He roto aguas _jadeó.

_Tranquila, tranquila. Todo saldrá bien, no te inquietes _era gracioso que yo, que tenía un canguelo espantoso, le recomendase serenidad_ A estas horas no hay tráfico y llegaremos enseguida al hospital _dije repitiendo los ejercicios de respiración que había aprendido en las clases preparatorias, igual que si tuviese que parir yo.

Envolví a Midori en una manta, la ayudé a sentarse en el coche y partimos raudos como una centella hacia la maternidad. En cuanto llegamos llevaron a Midori al paritorio, el niño estaba a punto de nacer. Yo quería presenciar el nacimiento, pasé al cuarto de esterilización para poder acompañarla y en algo menos de una hora de contracciones y esfuerzos nació el bebé más hermoso del mundo, mi hijo. Era tan, tan, tan perfecto y maravilloso que no pude contener las lágrimas de felicidad que resbalaban por mis mejillas trémulas. La comadrona colocó al niño en el regazo de su madre y los dos lloramos contemplando emocionados a aquel pequeñín que dormía plácidamente.

Cuando tuve a mi familia instalada en la habitación, telefoneé a mis padres, con el jaleo me había olvidado de ellos. Se presentaron enseguida a conocer a su nieto y al poco también vinieron Daniel, Rose y Susan, que se consumía de impaciencia por conocer a su primo. Mientras todos admiraban embelesados los bostezos de mi hijo, me acordé de que debía avisar a Akira, hice un rápido cálculo mental, si aquí eran casi las cuatro de la madrugada, allí deberían ser... Era igual, seguro que me perdonaban que les molestara a cualquier hora, por intempestiva que fuera, para anunciarles el nacimiento.

Chinako respondió al otro lado del auricular.

_“Moshi, moshi”.

_“Komban wa”, buenas noches _saludé_ Soy Bruce, Midori acaba de dar a luz un niño.

Chinako no me respondió, quizás fuera debido a la alegría o a que no comprendía del todo mis palabras, como no sabía a ciencia cierta a cuál de los dos motivos atribuir la causa, le pedí que se pusiera Akira para poder comentarle a él las novedades, y transcurridos unos instantes me informó que su marido aún no había regresado del trabajo, pero que le comunicaría la noticia inmediatamente. Se interesó por la salud de Midori y le respondí que ella y el bebé estaban bien, nos felicitamos mutuamente y nos despedimos.