Capítulo 67

Las arduas negociaciones laborales se cerraron con un contrato suscrito con el beneplácito de todas las partes. Los japoneses odian las votaciones democráticas para tomar decisiones, no les parece bien que una mayoría imponga su voluntad a la minoría y por eso buscan unas soluciones consensuadas, como sucedió en este caso. Finalizado el acuerdo llegó el momento de celebrarlo. Esta vez fue el representante de mi empresa el encargado de ejercer de anfitrión, suerte que la compañía obtenía ventajas fiscales de los gastos de “hospitalidad” por que de lo contrario se hubiera ido a pique con aquel fasto. El restaurante “ryotei” al que fuimos era uno de los más caros de la ciudad y es que la compañía de una geisha vale su peso en oro.