3 de agosto de 2007

Capítulo 66

Al día siguiente me esperaba otro compromiso no menos peliagudo. A instancias de Midori había quedado en reunirme con sus padres. Para salir con bien de tan arriesgada aventura, me proveí de una generosa dosis de mi modélica cortesía y de un regalo que me permitiera granjearme las simpatías de mi suegro. Les ofrecí un álbum de fotos en las que podía verse nuestra casa, mi familia, Midori embarazada y algunos lugares emblemáticos de California y después de que lo miraran detenidamente, atendiendo con interés mis explicaciones, Akira me agradeció mucho el obsequio y lo guardó.

Chinako insistió en que me quedara a cenar y tuve que aceptar porque me lo pidió con especial cariño, aquella mujer se merecía el Premio Nobel de la Paz, desde la sombra, sin mermar un ápice la autoridad de su marido y con esa habilidad natural que poseen las mujeres para conseguir lo que quieren, influía en Akira ganándolo para su causa, una familia unida y en armonía.

Mis suegros se interesaron por Midori y su estado, les comenté que la gestación seguía su curso con normalidad, el nacimiento estaba previsto para diciembre y ya teníamos preparado el cuarto y la ropa del bebé. Akira lamentó que su familia hubiera tenido que dividirse, se acercaba la fecha de su jubilación y a partir de entonces dispondría de un tiempo libre que no podría compartir con su hija y con su nieto. ¿Y quién era el culpable de arrebatarle a un anciano el placer de estar rodeado de los suyos? Efectivamente: yo. No me molesté por sus subrepticias acusaciones, empezaba a acostumbrarme a que en mis tortuosas relaciones con Akira hasta el asunto más nimio se pusiera en mi contra.

Tras la entrevista y desde mi hotel telefoneé a Midori, mi madre se encontraba allí, había ido a hacerle una visita. Encontré a mi esposa un poco rara, faltaba poco para el alumbramiento y supuse que estaba preocupaba por tal motivo, desde que se hallaba embarazada se había vuelto particularmente sensible, le dije que no había fecha prevista para la firma del contrato aunque confiaba en que no se demorara y eso la contrarió todavía más.

Después de despedirme de Midori aproveché para hablar con mi madre y ella me confirmó que mi esposa estaba desanimada y bastante nerviosa desde mi marcha, con lo cual mi inquietud aumentó. Prometí volver enseguida y colgué tremendamente alarmado.