21 de julio de 2007

Capítulo 64

El tiempo pasaba, llegó el estío y celebramos el Cuatro de Julio. Para Midori las novedades se sucedían una tras otra, la vida cotidiana, las festividades, el roce con las personas... La historia se repetía a la inversa, y ahora me tocaba a mí hacer de cicerone, le mostré orgulloso a Midori todos los rincones de San Francisco y la instruí en sus costumbres y características, a ella le sorprendía especialmente la niebla que engulle la ciudad y la hace aparecer y desaparecer como por arte de magia, la ausencia de estaciones climáticas, los cambios bruscos de temperatura a lo largo de la jornada, las calles empinadas que ya conocía gracias al cine. Ella miraba con ojos asombrados cuanto acontecía a su alrededor y se habituaba con bastante rapidez a los cambios experimentados por su vida desde que abandonó su país.

Aprovechando las vacaciones, a finales del verano, fuimos a Los Ángeles invitados por Jane. Visitamos Hollywod, Sea World, los Estudios Universal y el Death Valley, por supuesto, lo hicimos al atardecer, porque la temperatura diurna ese día era de cuarenta y seis grados. Nos hicimos unas fotos en Badwater, el punto más profundo de la tierra bajo el nivel del mar, nos bañamos en la playa y disfrutamos de unos sosegados días.

Ya nos habíamos habituado a nuestra vida ordinaria cuando tuvimos que hacer frente a la primera separación. Sabía que un día u otro tendría que volver a Tokio, para eso me había preparado, pero intentaba no pensar en ello. De no haber estado en los últimos meses de su embarazo, Midori me hubiera acompañado, pero el médico nos desaconsejó un viaje tan largo y ella tuvo que quedarse en San Francisco.