Capítulo 63

Decidimos dar una pequeña fiesta para celebrar la inauguración oficial de la casa y la futura llegada de nuestro hijo, reuniendo por separado a la familia y a los amigos.

Era domingo y habíamos quedado para comer con mis padres y hermanos, Midori estaba muy nerviosa, quería que la recepción saliese bien y lo más importante, causar una óptima impresión como ama de casa. Para que no se cansase demasiado en su estado, la ayude cuando tocó hacer limpieza general, ella se encargó de comprar los víveres y yo de dejar resplandecientes los cuatro muebles que teníamos.

Por la mañana comenzamos los preparativos de la comida, Midori tenía intención de cocinar algo típico americano, había comprado unos aguacates preciosos para elaborar una ensalada según la receta de una revista, el problema surgió al enseñarme los susodichos aguacates, que eran igual de verdes por dentro que por fuera, le aclaré que debería haberlos escogido de un color verde oscuro, lo que significaría que estaban maduros y no como los que teníamos sobre la mesa que eran incomestibles y que de caer al suelo podrían romper el mosaico de la cocina. Midori estaba desesperada, el primer plato era inviable por falta de materia prima y el segundo, chuletas de carne, estaba en el congelador, había olvidado sacarlo la noche anterior y no teníamos microondas, así que nuestras posibilidades gastronómicas se reducían a patatas fritas y salsa de soja a discreción.

Intenté en vano calmar a mi esposa, le dije que llamaría a mi madre para que trajera cualquier cosa y organizaríamos algo informal, pero ella se negó aduciendo que aquello equivaldría a reconocer su incapacidad para preparar una comida a sus invitados y tuve que darle la razón. Solamente nos quedaba una alternativa, ir a un restaurante y llevarnos la comida preparada. Compramos ensalada, costillas, algo de pescado y postre y volvimos a casa a toda prisa para organizar el convite. Recibimos a mi familia, tomamos un aperitivo y luego les enseñamos la casa a Jane y a Dennis, que se habían reconciliado y volvían a estar juntos. Dennis era decorador de interiores y tenía una oficina en Bervely Hills, quedó muy impresionado por el aspecto de nuestro dormitorio, aunque se permitió hacernos una sugerencia.

_Creo que si la cama estuviese situada de frente respecto a la puerta de entrada, resaltaría más en el conjunto _opinó.

_Estoy de acuerdo contigo, Dennis _mi hermana Jane secundó sus indicaciones.

Midori les observó turbada.

_No se puede colocar el “futon” de esa manera _intervino ella en disconformidad con la propuesta.

Dennis y Jane se miraron entre ellos, la respuesta nerviosa de Midori les desconcertó.

_No es posible poner la cabecera orientada hacia el norte, porque es la posición en la que se coloca a los muertos _explicó Midori con una reverencia de disculpa.

Preparamos la mesa. El resultado fue impecable, nadie se enteró de que Midori no tenía arte ni parte en aquella comida, al contrario, aplaudieron sus dotes culinarias y la rapidez con la que se estaba adaptando, el apuro surgió cuando mi madre le solicitó la receta de la salsa para las costillas, Midori se quedó en blanco y yo corrí en su ayuda.

_En Japón no se dicen los secretos de la cocina _me inventé para salir del aprieto.
Mi madre se disculpó por haber preguntado y de nuevo reinó la concordia.

Todos quedaron admirados por la decoración de la casa y ensalzaron los logros de Midori, que no escatimaba esfuerzos a la hora de integrarse en la familia y de amoldarse a las exigencias de su nueva vida. Salvamos la papeleta lo mejor que pudimos y nos preparamos con tiempo para el siguiente domingo en que recibiríamos a mis amigos.

Midori no se decidía por el menú y no dejaba de atosigarme con preguntas sobre qué platos podían gustarles a mis amistades, al final, un poco harto, le contesté.

_Con tal de que sea algo que no esté ni vivo ni crudo, bastará.

Esta vez Midori jugó sobre seguro y preparó lo que mejor sabía, cocina japonesa. Compró lo necesario en el Japan Center y los dejó a todos fascinados con la presentación, el resultado fue satisfactorio hasta el punto que mi amigo Andy nos pidió las sobras para tomarlas en la cena.