Capítulo 58

Llegó mi último día de trabajo en Tokio, y en la empresa mis compañeros me prepararon una fiesta de despedida. Yo les invité a MacDonald’s, era el rendido homenaje a un lugar que me había servido de soporte moral en los duros comienzos a mi llegada a Japón. Esa noche todo desprendía un regusto amargo a despedida que me entristecía, habían sido dieciséis meses de esfuerzo por superar una prueba detrás de otra hasta llegar al final, sin permitir que el desánimo me venciera. Tras la sencilla cena participé en mi última ronda y me hicieron entrega de un regalo. Me despedí de mis colegas, empezando por el de mayor categoría, con la promesa de que cuando volviese a Tokio les haría una visita, y después tomé el metro para regresar a casa.

En cuanto me vio aparecer, Midori se abrazó a mí, sus ojos estaban enrojecidos como de haber llorado durante mi ausencia. Intentó una sonrisa y yo la estreché contra mi pecho, imaginaba lo que debía representar para ella dejar su país, su familia y amistades, su trabajo. Lo abandonaba todo por mí, y yo deseaba fervientemente poder compensar su enorme sacrificio ofreciéndole mi gran amor.
_No debes inquietarte por nada. Todo saldrá bien _intenté calmarla.

_¿Estás seguro de que quieres que te acompañe? _confesó finalmente sus inquietudes.

_¿Por qué dices eso? Desde luego que deseo que me acompañes. Te quiero y no podría vivir lejos de ti.

Me miró más tranquila, aunque seguía desconfiando.

_Tus amigos dijeron que yo sólo era el consuelo a tus noches de soledad _acabó por revelarme su mayor recelo.

Pobre Midori, me lo temía, había mantenido silencio durante este tiempo carcomida por la incertidumbre, con el miedo a que la abandonase al volver a mi hogar.

_Midori, sé que aquí los matrimonios por amor son raros y que hay bodas que aún siguen siendo concertadas por las familias, pero ése no es nuestro caso, me casé contigo porque te amo y no pienso separarme de ti nunca _le manifesté conmovido.