Capítulo 57

Midori y yo nos dirigíamos al metro, la estación Ueno era un hormiguero, ya que es el punto de partida para numerosos lugares de diversión, estábamos taciturnos por nuestra inminente partida y a mí no me apetecía volver a casa todavía, de manera que le sugerí a Midori que fuésemos a un “hotel del amor”, nunca había estado en uno y sentía curiosidad por saber cómo era. Conocía, por los compañeros que los frecuentaban, que era el sitio ideal para pasarlo bien en buena compañía, y pensé que podríamos ir al Meguro Emperor, que era del que más referencias disponía.

El aspecto exterior del hotel era el de un palacio de cuento de hadas y todo hacía suponer que lo que albergaba en el interior estaba a la altura de Las mil y una noches. De las sesenta y dos habitaciones con que contaba el hotel pocas quedaban vacantes, no éramos los únicos que pretendían pasar una noche memorable. Entre lo que faltaba por elegir, nos decantamos por la cámara real, una sala adornada con armaduras y equipada con aparato vibrador de masajes, espejos, videos y todo lo necesario para hacer realidad cualquier deseo.

Disfrutamos de unos insuperables momentos de ternura, sin que por ello nos abandonara la incertidumbre ante un futuro que nos aguardaba a la vuelta de la esquina. Por unas horas conseguimos alejar nuestros temores, sintiéndonos más unidos que nunca, pero la realidad se imponía. Nuestras vidas iban a experimentar un drástico giro y ese cambio, aunque no lo admitiéramos, nos preocupaba a los dos por igual.