Capítulo 47

Empleamos nuestra estancia en San Francisco en hacer un itinerario turístico por la ciudad y sus alrededores. Visitamos Japantown y asistimos al ballet El cascanueces. Paseamos por el parque Golden Gate, deteniéndonos en concreto en el jardín Japanese Tea para admirar su magnífica pagoda y el puente de “la media luna”. Hicimos un recorrido por Marin y Sausalito, donde vivía con Dianne cuando estábamos juntos. Aproveché para comprarme algo de ropa, ya que en Japón, de no ser a medida, no podía encontrar nada de mi talla, y salimos a cenar con Andy, Mark y sus respectivas parejas.

Habíamos quedado en el Café Balboa para degustar una cena californiana, me apetecía pasar una noche con mis amigos, era la ocasión ideal para que ellos y Midori se conocieran.


_Jamás te hubiera imaginado casado con Midori. He conocido a todas tus novias desde el instituto y sé cuales son tus gustos _manifestó Mark dibujando en el aire una silueta sinuosa de mujer.


_Cambiar de preferencias es de sabios _repuse yo.


_Te envidio, según tengo entendido, las orientales son muy buenas amantes. Eres un tío con suerte _continuó Andy muy animado.


_Lo soy _asentí_ Midori es increíble en todos los sentidos.


_Cuenta, cuenta _pidió Mark ansioso por conocer más detalles.


_Aprecio un interés malsano en vuestra curiosidad. ¿Qué queréis que cuente? _me resistí.


_Todo, con pelos y señales _reconoció Andy ávido en mi posible respuesta.


_Venga, cambiad de tema _intervino Tracy, la mujer de Andy_ Los hombres siempre estáis pensando en lo mismo.


_Vosotras hablad de trapos y dejadnos a nosotros con nuestros asuntos _pidió Mark.


_¿Ya has decidido qué hacer cuando regreses definitivamente? _prosiguió Andy con su interrogatorio.


_Mis padres van a realizar gestiones durante estos meses para encontrarnos una vivienda, y a nuestra vuelta nos instalaremos y comenzaremos una nueva vida _les informé de mis previsiones.


_Así que va en serio. ¿Es que ya no te acuerdas de Pearl Harbor? _Andy me desconcertó con sus consideraciones.


_No te entiendo, Andy _manifesté con asombro.


_¿Estás preparado para la cara que tendrán tus hijos? _me preguntó él de improviso, dejándome noqueado por su apreciación.


_¿A santo de qué viene esto? _repuse yo intentando pasar por alto la evidencia de sus palabras.


_Mira, te seré franco, entiendo que allí en Tokio, tan lejos de casa y de la civilización, tuvieras que satisfacer tus necesidades con una...


_¿Una qué, Andy? _le interrumpí muy serio.


_Ya sabes _dejó su insinuación en el aire.


_No, no sé _le obligué a que dijera la palabra que omitía.


_Una japonesita que te consolase por las noches _concluyó Andy de forma suave.


_No te tolero que hables así de mi esposa. Eres... eres un miserable _le solté a la cara levantándome enfadado de la mesa.


_Espera, Bruce. Bruce, por favor, no te pongas así. No me has permitido acabar. Iba a decirte que comprendía que te buscases un ligue y que me ha sorprendido que volvieras casado. ¿Cuánto tiempo hace que somos amigos? ¿No puedo gastarte una broma? _se apresuró a responder Andy muy afectado por mi reacción.


_Te he considerado mi amigo desde hace trece años, pero no vas a seguir siéndolo ni un minuto más _me despaché a gusto.


_Venga, chicos, no os pongáis a discutir por un malentendido _terció Jennifer disgustada_ ¿Por qué no cenamos?


_He perdido el apetito. Vamos, Midori _dije tendiendo mi mano hacia ella, que me observaba atónita.


_Lo siento, discúlpame, Bruce. Te juro que no he querido... Mi intención no era... Espero que no pienses que... _balbuceó Andy sin encontrar la manera de justificarse.


_Me has herido en lo más hondo. ¿Cómo puedes ser tan despreciable? _le lancé un dardo envenenado.


_Sois unos niños _medió Tracy_ Bruce, espera. No os marchéis ahora. No rompáis una relación de tantos años por una tontería.


_¿Te parece una tontería que menosprecie e insulte a mi mujer? _pregunté a Tracy que me miraba impotente por arreglar el estropicio.


_Olvídalo, estamos sacando las cosas de quicio. Creo que no era el propósito de Andy ofender a tu esposa. Ninguno de nosotros tiene nada en contra de ella y Andy tampoco. Ya sabes que es un bocazas y que no suele pensar lo que dice _me rogó Mark muy contrariado por la escena desagradable que protagonizábamos.


Yo les miré resentido, me resultaba inadmisible haber escuchado de boca de mi mejor amigo aquellas palabras.


_Mark tiene razón _se apresuró a intervenir Andy bastante confuso_ Soy un imbécil, mi observación ha sido de pésimo gusto, lo reconozco. Por favor, Bruce, quédate a cenar.


Yo observé la apariencia cautelosa en la cara de mis amigos y me fijé en la expresión indescifrable que se dibujaba en el rostro de Midori, deseando con vehemencia que las diferencias entre su inglés y el nuestro la hubieran incapacitado para captar la cuestión de fondo que tanto me había irritado.


_Lamento muchísimo que me hayas interpretado mal. No quería molestaros ni a ti ni a Midori. Tan sólo bromeaba, intentaba hacerme el gracioso y me he pasado de la raya. ¿Amigos? _Andy me alargó la mano con profundo remordimiento.


Conocía a Andy desde siempre y si no hubiera apreciado en sus ojos sinceras muestras de arrepentimiento, jamás me habría decidido a estrecharle la mano como lo hice. Quizá había sido demasiado suspicaz al percibir en las palabras de mi amigo una intención inexistente, pero mi amor por Midori me hizo lanzarme en su defensa rebatiendo enérgicamente lo que me pareció una crítica imperdonable.


Midori se quedó al margen de la disputa, sin tomar parte en ella. Su instinto debió alertarle de que algo grave ocurría, porque sus ojos revelaban una gran agitación, yo la besé y la tranquilicé con una sonrisa, ignoraba si habría comprendido exactamente la causa de la discusión y preferí engañarme a mí mismo pensando que no. Luego, cuando con los ánimos más calmados se reanudó la cena, se sumó a la tertulia, que transcurrió distendida y animada entre risas, chanzas y alborozo.