Capítulo 46

A la mañana siguiente, Jane, Rose y Midori salieron de compras tal como habían acordado el día anterior. Mi madre se quedó en casa alegando que se encontraba fatigada por el trajín de los últimos días, aunque en el fondo yo sabía que el motivo era otro, en realidad, buscaba pasar un rato a solas conmigo. Me senté en el salón con mis padres, ninguno de los dos se atrevía a plantear directamente el tema que les inquietaba, de manera que estuvimos un buen rato perdidos en una retórica innecesaria hasta que mamá abordó el tema que nos había reunido.

_Explícanos qué es de tu vida _inició mi madre_ Tengo la impresión de que tus cartas no son completamente sinceras.


Era indiscutible que mi madre sabía leer entre líneas y había detectado mi total y descarada falta de sinceridad.


_Todo va bien, de verdad _intenté no preocuparla.


_Midori parece una buena chica _opinó mi padre_ Se ve muy amable y educada.


_Es fabulosa _asentí halagado.


_Nos sorprendió mucho la rapidez con la que os casasteis _dijo mamá_ Al principio hasta pensamos que podía estar embarazada.


_Mamá _sonreí indulgente_ Qué cosas se te ocurren.


_Bueno, te marchaste sin haber superado la ruptura con Dianne y a los pocos meses nos dices que te casas _comentó asombrada por mi súbito cambio de talante.


_Ocurrió muy deprisa, fue un amor a simple vista. Antes de finalizar nuestra primera cita ya estaba enamorado de ella _confesé evocando aquel inolvidable encuentro.


_¿Y su familia? ¿Cómo son? ¿Te aprecian? _me bombardeó mi madre.


_Su familia es muy japonesa _dije yo por definirla de una manera benévola y descriptiva.


_Hijo, a nosotros puedes contarnos lo que sea _intervino mi padre insatisfecho con mi respuesta.


Dudé y no me quedó otro remedio que reconocer.


_Su familia no me aprueba. El padre de Midori me detesta, se opuso desde el comienzo a nuestro idilio y luego a la boda. La relación que mantenemos es de una civilizada enemistad.
Mi madre se sentó a mi lado y me abrazó.


_Mi pequeño Bruce, sabía que algo no funcionaba _manifestó dolida por la confesión que acababa de hacer.


_Pobre muchacha _expresó mi padre_ No quisiera encontrarme en su situación.


_¿Cómo se lo toma ella? _quiso saber mamá.


_Todo lo bien que cabría esperarse de alguien que se encuentra entre la espada y la pared _reconocí el mérito de Midori.


_¿Y qué inconveniente te encuentran? _inquirió mi padre.


_No es nada personal, supongo; su principal causa de oposición radica en que soy norteamericano. Akira, mi suegro, perdió a su padre en la batalla de Midwai, era piloto en uno de los portaaviones que hundieron nuestras tropas. Él era un bebé cuando esto ocurrió, debió pasar una infancia terrible, le tocó padecer la posguerra y la humillación por la ocupación de MacArtur, vivió de lleno las violentas manifestaciones anti-USA de los años 60. Yo represento todo lo que él odia _expliqué a grandes rasgos la situación.


_Pero no es justo culparte a ti por eso _opinó mi padre contrariado.


_Necesita verter su frustración sobre alguien y ¿quién mejor que yo? El enemigo ha vuelto para arraigar en su propia familia. Para él debe ser una cruel broma del destino _contesté disculpando en parte la conducta de Akira.


_¿Y no hay nada que puedas hacer? _prosiguió mamá apenada.


_Sí, podría hacerme el “hara-kiri”. Nada le complacería más _bromeé.


_En cuanto te conozca mejor cambiará de opinión. Dale tiempo _concluyó mi padre convencido de sus palabras.


Continuamos hablando largo y tendido sobre mi vida en Tokio, acerca de los contrastes culturales, el trabajo, el futuro y así, sin percatarnos apenas, pasamos el día.


Las mujeres regresaron por la tarde cargadas de bolsas, Jane estaba pletórica de energía.


_Hemos estado en la calle Grant para elegir los souvenirs y luego hemos ido a la calle 24 a comprar ropa. ¿A que no adivináis dónde hemos comido? _nos preguntó segura de que no lo acertaríamos.


_En Osome _respondí yo sin vacilar.


Jane se quedó impresionada.


_¿Cómo lo has sabido? _dijo perpleja.


_Pura intuición _respondí satisfecho de haber acertado con mi suposición.


_Midori nos ha enseñado a comer “sushi” al estilo japonés _comentó Jane contenta con su experimento.


_Yo os dejo o Daniel llegará antes que yo a casa _intervino Rose.


Midori me miró, se la veía radiante, sin duda había disfrutado de lo lindo. Me hizo una señal con los dedos y yo le respondí.


_Ése no me vale, quiero uno de verdad _dije aproximándome a ella.


_¿Qué pasa? _preguntó mamá que no comprendía nuestros gestos.


_En Japón cuando alguien se da golpecitos en los labios con los dedos índice y corazón te está dando un beso. Pero a mí me gustan más estos _respondí y luego besé a Midori en los labios.


Por la noche Jane preparó su equipaje, a primera hora de la mañana regresaba a Los Ángeles, y se despidió de nosotros pensando que si continuábamos levantándonos por la tarde no tendríamos ocasión de vernos antes de su partida, yo me comprometí a despertarme a tiempo para darle un abrazo de despedida antes de que se fuera.


Aquella noche Midori estaba muy misteriosa.


_Tu hermana te ha comprado un regalo, es para nuestra casa _dijo alargándome un paquete.


Quité el papel que lo cubría, era una de esas típicas jarras de barro con una inscripción que rezaba: “I left my heart in San Francisco” (Dejé mi corazón en San Francisco). Muy propio de Jane. Pero la noche todavía me proporcionaría más sorpresas.


_¿Esto sí es sexi? _me preguntó Midori mostrándome el conjunto de lencería negra de encaje que llevaba puesto.


Se me escapó un profundo y sincero.


_¡Ooh! Ya lo creo.


_Jane me ha ayudado a elegirlo _comentó ella.


_Lo que seguramente no te ha advertido mi hermana es que vestir este tipo de prendas resulta siempre peligroso, muy peligroso _pronuncié mis palabras con gran énfasis.


Midori se fingió asombrada.


_¿Sabes qué sucede cuando una mujer se viste así? _ella me miraba a medio camino entre la picardía y la curiosidad ficticia, porque las mujeres, japonesas o no, tienen en común una malicia solapada que las distingue.


_Ocurre que a un hombre se le despiertan sus instintos animales y suelen pasar cosas como ésta _caímos abrazados sobre la cama y lo que vino a continuación resulta fácilmente predecible. ¿No?