Capítulo 37

Tenía que salir tres días de viaje para visitar una empresa de Kyoto y estaba repasando la bolsa de viaje que Midori me había preparado, cuando en uno de los bolsillos laterales descubrí una caja de condones. Llamé a mi esposa y le pregunté mostrándole el paquete.

_¿Qué es esto? _agité el envase en el aire.

_Son preservativos _me respondió ella sin mirarme.

_Sí, ya veo. Lo que quiero saber es qué hacen aquí _reiteré mi pregunta, ya que Midori parecía no darse por enterada.

_Son para, para... _tartamudeó ella avergonzada.

_Sé para qué sirven, ¿pero qué pintan en mi maleta? _quise conocer la finalidad oculta.

_Es por si estás con otra mujer _me aclaró finalmente.

_¿Por si estoy con otra mujer? _repetí sin poder dar crédito a mis oídos_ ¿Acaso supones que voy a aprovechar estos días para tener una aventura?

Ella no respondió y yo volví a insistir.

_¿Es eso lo que crees? _inquirí visiblemente disgustado.

_Lo siento _replicó Midori_ No quería molestarte.

_¿Molestarme? Me has insultado. ¿A qué viene esto? _grité indignado.

_Aquí las esposas se ocupan de estos detalles por sus maridos _me reveló en voz baja.

Le coloqué bruscamente la caja de preservativos en la mano y le respondí enfadado.

_Toma, a lo mejor la necesitas tú más, porque yo no pienso acostarme con otra durante mi ausencia.

_Perdóname, yo... _no pudo continuar estaba muy contrariada por el incidente.

La miré a los ojos y disculpé aquella costumbre absolutamente inconcebible para mí de las mujeres niponas.

_No voy a irme con otra. Te quiero _le declaré más calmado.

Midori asintió con la cabeza.

_No lo dudes nunca. ¿Me oyes? _le advertí estricto.