28 de diciembre de 2006

Capítulo 34

Progresivamente, la cultura oriental iba calando en mí, y en mi interior me sentía dividido en dos mitades, la oriental y la occidental. Me identificaba plenamente con muchos de los principios morales y éticos japoneses y algunos de ellos entraban en manifiesta contraposición con mis anteriores valores. Todo esto me producía ciertos conflictos internos, debía tomar partido, mi conducta no podía fluctuar continuamente en un sentido y en otro, y finalmente decidí que ya que estaba en Oriente acataría sus reglas con todas las consecuencias.

Con referencia al percance del día anterior, me ocurría igual, una parte de mí se consideraba en posesión de la razón, la otra, me convertía en culpable y me conminaba a hacerme perdonar por la afrenta infringida a mis suegros. A la hora de comer le comenté el incidente a Shiro-san, comunicándole mi intención de llamar por teléfono a mi suegro para disculparme con él y con su esposa.

_No hagas eso _me avisó, en un intento por evitar que el remedio fuera peor que la enfermedad.

_¿Por qué? ¿No crees que deba excusarme? _le pregunté sin entenderle.

_Sí, pero no por teléfono. Él ha de ver tu semblante para comprobar que el arrepentimiento es sincero _aclaró.

Por primera vez me encontraba con un razonamiento lógico y perfectamente comprensible para mí. Shiro Anno estaba en lo cierto, debía dar la cara, y así lo hice.

A la salida del trabajo fui a casa de mis suegros.

_“Gomen kudasai” _me disculpé en la puerta por mi visita inesperada.

El señor Takakura me miró con extrañeza y me invitó a pasar. Chinako acudió a la sala y al verme allí su expresión se transformó en un gesto de alarma, los dos aguardaban ansiosos mis palabras y yo me dirigí a Akira con el mayor respeto que pude enunciar.

_Takakura-san, Midori me ha advertido de las incorrecciones que cometí ayer durante la cena y quiero que sepa que, si le he molestado a usted o a su esposa, ha sido por ignorancia. En esta sociedad hay tantos preceptos nuevos para mí que me resulta complejo conocerlos todos y acatarlos. Espero que sea comprensivo y perdone mi tremenda inexperiencia, en lo sucesivo trataré de esforzarme para no volver a repetir mis errores _hice una pequeña reverencia.

Mi suegro me devolvió una inclinación y luego se dirigió a su esposa. Chinako mantenía la misma expresión de inquietud que al principio, hablaron entre ellos y ella se mostró más serena. Yo, entre tanto, me encontraba como un reo esperando su sentencia. No era culpable de nada, en conciencia, y, sin embargo, algo me decía que había obrado correctamente.

Al contestarme Akira.

_Es propio del hombre honesto reconocer sus equivocaciones _me sentí aligerado de una pesada carga.

Interpreté sus palabras como la admisión de mis excusas y me despedí añadiendo a mis disculpas otra más por haber aparecido en su hogar sin ser invitado.

_“Ojama shimashita”, le he causado molestias _dije antes de salir.