25 de noviembre de 2006

Capítulo 29

A mediados de agosto, por lo general del 13 al 16, se celebra el festival budista “Obon”, llamado con frecuencia Fiesta de los Farolillos. Es una ocasión solemne y de gran regocijo porque las almas de todos los muertos amados vuelven por un breve espacio de tiempo a reunirse con los vivos. Las casas se limpian meticulosamente para la ocasión y se preparan comidas especiales para los visitantes, por invisibles que sean.

El primer día, la gente visita las tumbas y quema incienso en honor de los muertos, no por los antepasados remotos, sino por los de generaciones recientes. Después las familias invitan a sus difuntos a visitar sus hogares, donde les espera la comida en unos tazones especiales, y cuando cae la noche, se encienden farolillos en los cementerios y en el interior de las casas.

El último día del festival tocan las bandas de música, se baila y se cantan canciones llamadas de "Bon Odori", y, en Tokio, se disparan fuegos artificiales en la orilla del río Sumida. Todo es alegría y risas, pues no se considera un momento triste. Al terminar el día se encienden hogueras como despedida a los invitados temporales y los farolillos, cada uno de ellos representando un alma, son echados al río por el que navegan hasta llegar al mar. Todavía duran el jolgorio y las risas, si bien algunas de ellas ocultan un dolor reciente. Es posible ver que alguien que observa uno de los farolillos del río tenga la cara humedecida por las lágrimas. Son sentimientos humanos que se disculpan solamente en ocasiones muy puntuales, porque, en general, deben ser disimulados. No se considera oportuno llorar en público por un niño muerto, ya que es decreto de la fatalidad y condolerse equivale a rebelarse contra los dioses, pero la muerte de un padre o de un esposo representa una ocasión propicia para manifestar el dolor.

En el festival “Obon” el regocijo siempre está teñido de dolor, especialmente para las personas que han padecido una pérdida reciente. Los Takakura recordaban a la madre de Chinako, que había fallecido el año anterior, y Midori les acompañó en esta mezcla de fiesta y duelo.