Capítulo 6

El azar puso en mi camino un establecimiento MacDonald’s y para mí fue igual que si de repente se materializara ante mis ojos América entera. El corazón me latía alborozado y el pulso se me aceleró al entrar en el restaurante y aspirar los aromas inequívocos de las hamburguesas y de las patatas fritas. Me lancé sobre mi Big Mac hambriento y emocionado, ni que decir tiene que mi primera hamburguesa en Tokio era, sin ningún género de dudas, la más apetitosa que había probado jamás, incluso la Coca-Cola sabía mejor, y eso que aseguran que la fórmula es igual en todas partes.

Aquella noche al volver al hotel tuve mi primer ataque agudo de nostalgia, MacDonald’s representaba mucho más que la mismísima embajada de mi país, era una especie de cordón umbilical que me ligaba a Estados Unidos, a mi hogar, a lo que yo era y a cuanto me resultaba familiar.